A2 (Elemental)Lección 10: Diminutivos y aumentativos
Ya conoces este mecanismo: casita, cafecito, poquito. El portugués usa con frecuencia -inho y -zinho: en cafezinho el enlace es una z, no la c de cafecito. La terminación ayuda a elegir la forma, pero hay variantes. Además del tamaño, los diminutivos pueden expresar cariño, suavizar una petición o añadir una actitud.
Patrones frecuentes: -inho suele sustituir -o/-a/-e átona (casa → casinha); -zinho suele seguir a vocales tónicas u otras terminaciones (café → cafezinho). Hay variantes.
Es tu sistema -ito/-cito, pero el enlace portugués es z: cafezinho, no ✗ cafecinho
En estas formaciones se conserva la -s o -z final: lápis → lapisinho, nunca ✗ lapizinho
El género no cambia: a casinha, o livrinho, um probleminha
La ortografía salva el sonido, igual que en español: pouco → pouquinho, amigo → amiguinho
Los acentos gráficos caen (café → cafezinho); la tilde nasal se queda (irmã → irmãzinha)
Plural tradicional de -zinho: primero la base — pão → pães → pãezinhos; también se acepta florzinhas junto a florezinhas
Puede expresar tamaño pequeño, cariño, suavización o ironía
patrones frecuentes: final átono -o/-a/-e → cae y entra -inho/-inha: casa → casinha · vocales tónicas y muchas otras terminaciones → -zinho/-zinha sobre la palabra entera: café → cafezinho · hay variantes · la ortografía protege el sonido: pouco → pouquinho, amigo → amiguinho
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Los diminutivos son frecuentes en la conversación brasileña y expresan mucho más que tamaño. Pueden suavizar una invitación o una mala noticia, convertir rápido en muy rápido o hacer que una interacción suene más amable. Tienes una ventaja, porque el español también hace mucho de esto con -ito. Conviene recordar la z de cafezinho y el patrón tradicional del plural, que empieza por la base, aunque hay variantes aceptadas. La otra trampa es de oído: tomarte um probleminha al pie de la letra cuando alguien acaba de decirte que algo va mal.
La terminación de la palabra es un punto de partida útil. Estos son patrones frecuentes de -inho / -zinho, no reglas sin excepciones:
| La palabra acaba en… | Qué haces | Ejemplos |
|---|---|---|
| -o, -a o -e átona: un patrón frecuente | a menudo se quita y se añade -inho / -inha | casa → casinha · livro → livrinho · verde → verdinho |
| -s o -z | añades -inho / -inha y nada más | lápis → lapisinho · arroz → arrozinho |
| vocales tónicas y muchas otras terminaciones | a menudo se añade -zinho / -zinha a la palabra entera | café → cafezinho · pai → paizinho · flor → florzinha · irmã → irmãzinha |
Es tu propio reparto entre casita y cafecito, solo que el portugués enlaza con z. El género no se mueve: casa es femenino, así que a casinha; livro es masculino, así que o livrinho.
«Eles moram numa casinha azul perto do mar.» (Viven en una casita azul cerca del mar.)
«Comprei um presentinho para você.» (Te compré un regalito.)
«O menino desenhou um solzinho no papel.» (El niño dibujó un solecito en el papel.)
«Tem um cachorrinho na porta da loja.» (Hay un perrito en la puerta de la tienda.)
«Só um minutinho, já estou indo.» (Un minutito, ya voy.)
«Posso fazer uma perguntinha?» (¿Puedo hacer una preguntita?)
«A gente tem um probleminha com a sua conta.» (Tenemos un problemita con su cuenta.)
«Foi só um errinho de nada.» (Fue solo un errorcito de nada.)
Problema es masculino, y su diminutivo también: um probleminha, nunca ✗ uma probleminha. Funciona igual en la otra dirección — mão es femenino, así que a mãozinha. El sufijo toma la terminación que necesita y deja el género donde estaba.
Las palabras en -l, -r o -m suelen tomar la forma larga: mulherzinha, papelzinho, animalzinho, pero hay variantes. En estos ejemplos, la -m final pasa a -n al escribir: homem → homenzinho, bom → bonzinho, que describe a alguien bondadoso.
Devagar acaba en consonante pero puede tomar la forma corta: devagarinho. Los patrones de terminación no son absolutos. Sozinho se basa en só, que sigue significando «solo» o «solamente»; todinho añade énfasis a todo, como «hasta el último poquito».
João → Joãozinho, Ana → Aninha, Carlos → Carlinhos, José → Zezinho. Estos apodos pueden mantenerse en la edad adulta: en Brasil aparecen en tarjetas de visita y en papeletas electorales.
La selección brasileña de 1994 tenía dos Ronaldos, y los sufijos los separaron. El defensa Ronaldo Rodrigues de Jesus pasó a ser Ronaldão y el delantero de diecisiete años Ronaldo Nazário pasó a ser Ronaldinho: un aumentativo y un diminutivo haciendo el trabajo de los apellidos. Cuando un tercer Ronaldo apareció en la Copa América de 1999, el diminutivo se mudó a él, y hubo que distinguirlo a su vez como Ronaldinho Gaúcho. Fuentes: CBF, Revista PLACAR
Los lingüistas todavía discuten sobre la terminación que acabas de aprender. Un estudio de 2013 publicado en la revista Alfa hizo pruebas de aceptabilidad con hablantes brasileños y encontró que la elección entre -inho y -zinho no la resuelve solo la regla: el dialecto regional, la edad y el sexo interactúan en la forma que cada persona acepta. Dos años antes, en Estudos Linguísticos, Maximiliano Guimarães y Gesoel Mendes defendieron que -inh- no es un sufijo sino un infijo, algo que aterriza dentro de la palabra y no al final. Fuentes: SciELO — Alfa, Estudos Linguísticos
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